Una
promesa decisiva
Un
muchacho de once años de Nantes soñaba con los barcos
que entraban y salían del transitado puerto. Su imaginación
navegaba a lejanos mares repletos de tesoros y terribles aventuras.
Un
día del caluroso verano de 1839, decidió convertir
en realidad sus sueños embarcándose en un navío
para demostrar su hombría a la niña que amaba secreta
y ardorosamente.
La
aventura duró el tiempo que su padre enfurecido tardó
en cortar su huida. El castigo fue una promesa que haría
que, en la posteridad, millones de personas descubrieran el mundo
a través de la fantasía científica.