Por
media corona
En
1835 Rowland Hill viajó desde Londres a Edimburgo para
presentar al rector de su universidad un novedoso proyecto pedagógico.
Al llegar, se alojó en una posada en la que tuvo que esperar
unos días hasta que el rector volviera de un viaje.
Durante
este tiempo en aquella posada, Rowland Hill fue testigo accidental
de un hecho que le conduciría a idear un sistema que cambiaría
definitivamente la forma de comunicarse las personas en todo el
mundo.